Alguien dijo una vez que la única inmortalidad a la que puede aspirar el hombre es a la de sus obras. Otros dirán que a la del Valhala que se consigue en la gloria de la batalla. Sin duda hay una persona que merece ambas.

Ayer falleció
Gary Gygax, creador del famoso
Dungeons & Dragons junto a
Dave Arneson y padre de los juegos de rol. Para algunos un terrorista cultural, para otros, entre los que me incluyo, un maestro y un demiurgo.
El primer juego de rol al que jugué, con 13 años, fue el
Runequest. No tardé en comprarme la primera edición del
D&D en caja roja. Estaba en inglés y, con esa edad y mi poco amor por el estudio entonces, poco provecho pude sacarle, aunque lo intenté con toda mi alma. Pero aquellas ilustraciones en blanco y negro de dragones, guerreros, kobolds, trasgos, enanos, magos y clérigos me entusiasmaban de una manera casi obsesiva. Las conocía de los libro aventuras editados por
TSR que mi hermano mayor y yo habíamos devorado hasta la saciedad de niños gracias a sus múltiples posibilidades. El juego de rol de
D&D prometía adentrarnos en un mundo cuyo único límite era nuestra propia imaginación.

Luego vinieron
El Señor de los Anillos,
Star Wars,
Stormbringer y finalmente la edición en castellano del
D&D y posteriormente su 2ª edición. Pero lo cierto es que no llegamos a jugar demasiadas partidas.
Stormbringer, y más tarde,
Aquelarre, especialmente este último juego, nos sedujeron de una manera diferente, más oscura, más seria, más madura. Era inevitable. La manera de jugar crecía a la par que nosotros. Pero Dungeons & Dragons siempre era un referente.
La muerte de
Gary Gygax es una noticia triste para los que hemos crecido jugando a Rol, pero como siempre en estos momentos hay que alzar las copas al cielo y brindar por su legado. Más tarde lanzaremos los dados de 4,6,8,10,12 y 20 caras en memoria de su obra y en reconocimiento de su bien merecida inmortalidad. Que nunca dejen de rodar.
¡Oh, Hombre! ¡Presta atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
de un profundo soñar me he despertado:
El mundo es profundo,
y más profundo de lo que el día ha pensado.
Profundo es su dolor.
El Placer es aún más profundo que el Sufrimiento:
El dolor dice: ¡Pasa!
Mas todo placer quiere Eternidad,
¡Quiere profunda, profunda Eternidad!>
Del canto de ronda de Zaratustra.
Friedrich Nietzsche